Mensaje del Evangelio para cada día

Un espacio coordinado por los, párrocos de las Comunidades Católicas de Lengua Española en Alemania

EL AMOR MÁS PODEROSO QUE LA MUERTE


Sábado Santo – 11 abril 2020

Durante el Sábado Santo, los cristianos permanecen en silencio en el sepulcro de Jesús, meditando su pasión y su muerte.

Las mujeres han inaugurado el día más largo de la historia. Ellas están en el corazón del día más glorioso que la humanidad ha conocido. Cristo ha sido resucitado por el Padre. Dios ha rehabilitado al injustamente asesinado y en su resurrección, han sido justificadas todas las víctimas de la historia. Hoy, después de un silencio, reverencial y solemne, la Iglesia cantará el gloria y se unirá al cántico de los hombres y mujeres de buena voluntad, que esperan que algo nuevo suceda en la humanidad. Lo más importante es recordar que en este primer canto de gloria, cuando todo comenzó a ser “novedad total” por la Resurrección, fueron las mujeres las portadoras de la alegre y gozosa noticia de que el Crucificado estaba vivo. Fueron mujeres con nombres y apellidos; mujeres reales y no hombres, las que experimentan de primera mano cómo Dios coloca en marcha la nueva humanidad. Ellas anuncian al mundo la verdad de Dios. Ellas se hacen portavoces del acontecimiento que cambió, para siempre, el curso de la historia: la Resurrección.

EVANGELIO DEL DÍA 

Mt. 28, 1-10

Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María vinieron a ver el sepulcro. Y se produjo un gran terremoto, porque un ángel del Señor descendiendo del cielo, y acercándose, removió la piedra y se sentó sobre ella.
Su aspecto era como un relámpago, y su vestidura blanca como la nieve; y de miedo a él los guardias temblaron y se quedaron como muertos. Hablando el ángel, dijo a las mujeres: “Ustedes, no teman; porque yo sé que buscan a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, porque ha resucitado, tal como El dijo. Vengan, vean el lugar donde estaba puesto. Vayan pronto, y digan a sus discípulos que El ha resucitado de entre los muertos; y El va delante de ustedes a Galilea; allí Lo verán. Miren, se los he dicho.”  Y ellas, alejándose a toda prisa del sepulcro con temor y gran gozo, corrieron a dar las noticias a los discípulos. De repente Jesús les salió al encuentro, diciendo: “¡Saludos!” Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies y lo adoraron.
Entonces Jesús les dijo: “No teman. vayan, avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán.”

Domingo de Resurreción

Jn 20,19-31

El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.

¡Resucitó! ¡Cristo resucitó! Este grito echó a andar una fuerza vital que ha renovado a generación de la historia humana para llenarla de sentido nuevo. Los relatos de la resurrección no describen lo sucedido en la tumba de Jesús, sino el efecto que produjo en quienes buscaron el sentido de aquel vacío dejado en los propios terrenos de la muerte por el cuerpo del Maestro ajusticiado. Allí se reveló la vida, desde el vacío, como un grito de relampagueante revelación. El grito de la vida nueva se convirtió en lema del discipulado original y originante. Por una parte, nadie lo pronunció antes y, por la otra, solo los discípulos de Jesús lo profieren con su profunda verdad, que es el modo único de ser discípulo: aprender a vivir como el Maestro, y aprender de él. Las lecturas de hoy sugieren los trazos fundamentales de lo que implica la vida del discípulo de Jesús.